7 de noviembre de 2012

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La casa pata para arriba, y aunque tenga un hermosa familia, sentía que la soledad me abrazaba, no cariniosamente, fuerte, ahogándome. Salí de aquella casa gigante donde mi mujer gritaba porque el mas pequeño no se quería bañar, donde mi hija mayor lloraba por una peleea con su novio, y donde Matías (el del medio) no tenia interés por salir de aquel violento videojuego que lo desprendía de la realidad y lo hacia olvidar todos los problemas. Salí a caminar. Recorría la general paz fría y a esa hora ( 1 a.m ) de un miércoles, no la transitaba mucha gente. Tome de mi bolsillo aquel atado de tabaco , lo encendí, camine hasta llegar a la plaza que se aproximaba y me senté en un banco. De repente sentí un perfume que a mi olfato sentía familiar, pero no lo reconocía de donde. Un perfume de mujer. Al instante me taparon los ojos dos frías y suaves manos. Debería haberme asustado, pero sentía que me contenían. Me las quito suavemente, y miro. Al principio me costo reconocer pero sin dudas era ella, esas facciones , esa sonrisa y esos ojos verdes. Si, Simona, mi novia de cuando tenia unos 18 , 19 años. Me abrazo inesperadamente y me dijo que estaba apurada, pero me contó que seguía cantando en el bar "Matilda" por las noches de los sábados, me dejo su tarjeta personal y se despidió con otro dulce abrazo. 
Volví a casa recordando aquellos momentos que pasábamos juntos y lo buena que seguia estando. Pasaron semanas, y no podía creer que había resistido tantos años sin verla. Necesitaba hablar con ella, que me cuente que era de su vida. 
El problema no era donde ubicar a Simona, el problema era que le diría a Juana, mi actual esposa. Se me ocurrió inventar que tenia un viaje de trabajo. Aquel sábado 5 de septiembre por la mañana partí a "mi entrevista de trabajo". Alquile una habitación, y cuando llego la noche, comencé a caminar a "Matilda". La oí cantar, y cuando bajo del escenario, me vio, sonrió, y sorprendida por mi presencia me dio un beso en la mejilla, la invite un trago, comenzamos a hablar y entre copa y copa me contó que se había divorciado hace un par de meses. Me pregunto por mi situación sentimental, y dudando, le mentí diciendole que también me había separado hace aproximadamente un año y que no tenia hijos. Después de varios tragos y de recordar viejos tiempos, el pasado se revivió en el presente y amanecimos juntos en la playa. Fuimos a desayunar, y ella se fue. Yo comencé a caminar para llegar a casa, y mientras caminaba me iba sintiendo cada vez mas culpable por haberle mentido a ella, y por haberle sido infiel a mi mujer.
Pero mientras estaba con ella, todo fue perfecto, toque el cielo con las manos una vez, mas y cada uno de sus besos me condujeron al paraíso, y cada caricia irremplazable me pedía que me quedara ahí, para siempre. Sentí que me volvía a enamorar. Pasaron los días y era inevitable sacarla de mi cabeza, comenzamos a hablar por teléfono, y después a vernos todos los martes a las 20 hs. Mientras que mi mujer creía que yo me iba a jugar al futbool con los pibes. Pasaron meses así. Mas me acercaba a mi amante, mas me alejaba de Juana, hasta que llego un punto que nos separaba un abismo y discutíamos mas de lo normal. Nos rendimos los dos, a fingir como tontos, de que yo era su marido, y ella era mi mujer, y decir que nos seguíamos amando cuando no era así. Al cabo de un tiempo yo no quise ser mas su esposo.
Mientras tramitábamos el divorcio con Juana, Mercedes(mi hija mayor) junto a su novio esteban, descubrieron mi amor clandestino. Pero antes de que yo me enterase de esta situación, mercedes hablo con mi amante, y ella inocentemente contesto con la verdad que ella tenia, le contó que hacia casi un año que nos veiamos y que yo era divorciado y no tenia hijos.
Mi hija desconsolada se lo contó a su madre y esta me hizo un escándalo delante de mi novia de la juventud. 
Me quede sin el pan y sin la torta.
Aprendí que mentir tiene patas muy cortas.
Perdí al amor de mi vida, a la mujer que siempre me acompaño en mi vida, y a mis hijos que no quieren hablarme mas. 
Simona volvió con su ex marido, Julian, entendí que siempre la costumbre va a matar al placer. Y mientras tanto, con 50 años, me refugio en a soledad de mi habitación. Arrepentido. ¿De que? Nose. Nose si me arrepiento de haberme jugado a mi familia. O de haber dejado a Simona en aquellos viejos y jóvenes tiempos cuando quería disfrutar sin ningún compromiso. 

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